Tradiciones y costumbres Las Lajas


La Moquillada, cuentan los nativos que en el fondo de la laguna existía un criadero de lagartos, que solo un temerario nadador de apellido Avalos, buceaba en la profundidad y jugaba con los enormes reptiles. Por algunas causas desconocidas este hombre no era atacado. También cuentan que en dicha laguna se veían a dos niños bañándose que algunas personas que pasaban por la moquillada como a eso de las 6 de la tarde los observan y los niños al ver que alguien los miraba se lanzaban a la laguna y que clarito se escuchaba que se sumergían en la laguna y no salían.

El cerro Pan de Azúcar que guarda vigilancia desde el sur oriente, casi nadie ha podido llegar a la espesura por su vegetación y la abundancia de los animales peligrosos. Intensos aguaceros destruyen los probables caminos y ocultan infinidad de cuevas, donde se han perdido atrevidos aventureros. No obstante la audacia de la gente, prefieren guardarle respeto al cerro. El Infiernillo es una laguna encantada próxima a la localidad de El Vistazo. Enormes peces se criaban allí porque nadie le podía pescar, merced a la guardia que ejercía un lagarto o porque la misma laguna se podría devorar a los intrusos.

Los desnudos, Un señor siempre que salía a la parroquia La Victoria se ponía a beber aguardiente, así transcurrió mucho tiempo, una noche en que se quedó bebiendo con sus amigos hasta las 12 de la noche, en el momento en que regresaba a casa, cerca de un matorral de caña de guadua impenetrable, justamente cerca de donde hoy es la casa de don calderón, allí se encontró con dos hombrecitos pequeños, uno de ellos le dijo;

Amigo, ¿Quieres tomar un trago conmigo” él le contesto: - no quiero porque estoy mareado y me voy a mi casa- el hombrecito insistió, hasta que el acepto tomar el trago. Luego le dijo vamos conmigo y tomándole del brazo, caminaron, el borracho después de unos minutos, sintió un frio helado, miro hacia su alrededor y los hombrecitos estaban allí hablando todo lo de su vida, entonces el tubo miedo y le dijo: ¿Dios mío donde estoy? Al escuchar esto los hombrecillos desaparecieron junto a su borrachera. Edú el borracho, se encontraba metido en el matorral de caña de guadua sin ni siquiera poderse mover. Gritaba desesperado, hasta que unos señores que Vivian cerca llegaron a rescatarlo preguntándole, como fue que ingreso hasta allí.


 


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